Día del videoclubista: un oficio olvidado

Por Hernán Ceccato

En el pasado, alquilar una película era todo un ritual. Ya fuesen cinéfilos exigentes o curiosos espectadores, el videoclub era un templo que le daba la bienvenida a todos por igual. El avance de la piratería y la llegada de nuevas tecnologías -entre otros factores- lentamente produjeron intensos cambios en los hábitos de consumo de la gente. ¿El resultado? Cada vez son menos los videoclubes que logran mantener sus puertas abiertas al público. En memoria del nacimiento de la Cámara Argentina de Videoclubes, todos los 27 de septiembre se celebra el día del videoclubista.

Venta de películas originales, un mercado menguante

Objetivos bien marcados

A partir de una reunión realizada el 27 de septiembre de 2004 en la sede de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (C.A.M.E.), nace la Cámara Argentina de Videoclubes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El trabajo de la agrupación parte de la necesidad de representar a los videoclubistas del país.

Los objetivos que plantea la Cámara son concretos y específicos: trabajar en pos de mejorar una industria compleja y cada vez más dinámica; realizar gestiones para optimizar las condiciones de competitividad para sus asociados; defender y promover el mercado legal en su conjunto; representar a los videoclubes ante diferentes instituciones vinculadas; mejorar las relaciones con instituciones privadas y gubernamentales que intervienen en la actividad audiovisual; promover la capacitación y la búsqueda permanente de nuevos servicios y beneficios para los asociados; y fomentar la comunicación y el intercambio de conocimientos e inquietudes para profundizar la unión.

Salida rápida. Cada vez son más los videoclubes que se ven obligados a cerrar sus puertas

El ocaso del videoclub

El consumo de películas pirateadas no es algo reciente, pero es un tema que no deja de causar polémica, sin importar el entorno donde la cuestión sea discutida. Instituciones como la Cámara Argentina de Videoclubes y la Unión Argentina de Videoeditores mantienen una lucha constante contra esta problemática y sostienen que la tendencia hacia lo ilegal constituye un método de privación de los derechos culturales. Aunque parezca irónico, aún es necesario recordarle al público que piratear, distribuir y vender copias ilegales de películas, series o discos constituye un delito federal.

La situación que enfrenta el videoclubista no es muy alentadora. El avance de la piratería y de la televisión por streaming hacen que el consumo de películas originales descienda dramáticamente. En los últimos años han cerrado sus puertas algunos de los videoclubes más emblemáticos del país; en la ciudad de Santa Fe ya casi no existen. Incapaces de sostener sus negocios y afrontar los aumentos en las tarifas de venta y distribución, las casas dedicadas al cine ya no encuentran un público interesado. El incremento de los precios de los derechos de las películas hace que las editoras nacionales se encuentren en una compleja encrucijada económica. También los consumidores se ven afectados por los aumentos en los costos de los productos electrónicos, haciendo del Blu Ray, por ejemplo, un formato que, hoy por hoy, es inaccesible para la mayoría del público. Además, la falta de compromiso por parte del Estado, así como el hecho de no contar con un adecuado marco legal que sancione la piratería, causa que las personas piensen que descargar y comercializar películas ilegales es algo aceptado y cotidiano.

Como clientes nos vemos atraídos hacia la piratería, que parece venir cada vez con mayores, y más tentadores, avances. Las páginas de descargas hacen del acceso al cine algo fácil, rápido y gratis pero…¿legal? La pregunta entonces resurge: ¿dónde radica el problema, y cómo combatirlo? A pesar de todo, los argentinos seguimos celebrando, todos los 27 de septiembre, el día del videoclubista.