Santa Fe en boca de sus abuelos

Por Rocío Piccoli
¿Cómo eran los barrios de nuestra ciudad? ¿De qué vivían los santafesinos? ¿Cuáles eran las costumbres familiares? ¿Y los medios de transporte? ¿Las fiestas?
Santa Fe en boca de sus abuelos
Santa Fe en boca de sus abuelos

Los protagonistas de estas historias no son personalidades reconocidas, ni destacadas. Quizá nunca hayas oído hablar de ellos. Sin embargo, cada uno conserva el tesoro de un pasado, una ciudad que fue, unas calles de tierra, profesiones olvidadas, costumbres, rituales, lugares, momentos… Una historia, que los hace y ‘nos hace’.

A partir de hoy, Barrio Cultura te ofrece un nuevo segmento, donde podrás encontrar fragmentos de vida de diversos santafesinos de edad avanzada. Sus narraciones rememoran características de nuestra ciudad, de su hacer y su ‘ser’, y, de ese modo, forman parte de lo que somos hoy en día.


Una tarde con Italia Eusebi de Minella

Italia tiene 95 años. Me está esperando sentadita en el living, bastón en mano y la ventanita de la puerta abierta, atenta a mi llegada. ‘Pasá querida, está abierto’, me dice desde adentro sin levantarse. Efectivamente, toco el picaporte y se abre. Luego de saludarla y disculparme por los cinco minutos de retraso, me siento frente a ella y saco mi libreta.

Italia: ¿Encontraste bien la casa?

Rocío (Equipo de Barrio Cultura): Sí, sí. Cuando vi la Feria Argentina me acordé y dije: estoy cerquita. Bueno Italia, yo quería que me cuentes, si te acordas, dónde vivías cuando eras chica.

Italia: Bueno, yo cuando era chica nací en Facundo Zuviría, más o menos…de la vía alta, diríamos, a dos cuadras. Pero eran todas quintas.

Rocío (BC): No estaba muy poblado.

Italia: No, completamente todo despoblado. Yo fui la más chica, de diez (10) hermanos. Todos fallecidos ya. Ahora quedé yo sola, la única.

Rocío (BC): Y ¿cómo era la casa donde vivían?

Italia: La casa donde vivía era una casa grande, con habitaciones grandes. Y había, sí, una pieza alejada, separada de la casa donde dormían algunos de mis hermanos ahí. Papá tenía horno de ladrillos, entonces, tenía su gente. Ponele, tenía como diez (10) peones y todos nosotros, imaginate. Y les daba de comer a las 12 hs., comían en mi casa. El horno estaba alejado, estaba en Peñaloza y Gorriti. Y bueno, los peones venían a comer a mi casa, mi mamá cocinaba, había ollas inmensas. En aquel entonces, no había casi autos, mi papá tenía un sulqui. Con ese sulqui se trasladaba al horno a controlar a los peones y trabajar.

Cada cuatro, cinco meses, se ‘preparaba’ un horno de ladrillos, lo tenían que cargar y después quemar. El horno tenía boquillas, entonces, esas boquillas tenían que prender fuego para que se cociera el barro de los adobes. Los peones hacían ese trabajo, la mezcla. El barro se trabajaba en un pisadero. Pero, para hacer ese picadillo, primero, había que fabricar un redondel que le llamaban ‘cachimbo’, y ahí se llenaba de agua y barro y paja. Y había que tener tres o cuatro caballos que caminaban sobre el barro para amasarlo. ¿Vos nunca sentiste eso?

Rocío (BC): No, eso no lo sabía.

Italia: Y, cuando ellos creían conveniente que estaba bien el barro, había canchas así limpias, espacio limpio, cada peón tenía su cancha y ahí ellos con una carretilla llevaban el barro y hacían los ladrillos. Tenían un equipo para hacer los ladrillos, un molde que era de dos ladrillos. Entonces, con esa carretilla sacaban el barro del pisadero y llenaban esos moldes arriba de una mesa especial que había, y lo aplastaban con una pala o con una madera común, y alisaban el ladrillo. Y, después, cuando tenían el ladrillo hecho iban a la cancha y lo daban vuelta así, y traían el ladrillo hecho, todo bien cuadradito.

Rocío (BC): Y después lo llevaban al horno…

Italia: Sí. Para cargar el horno tenía que ser una persona que conocía, porque si no los ladrillos salían todos bayos, y esos ladrillos no servían. Entonces, mi papá tenía que controlar eso. La quemada del horno, duraba tres días.

Rocío (BC): ¿Metían muchos ladrillos juntos?

Italia: ¡Sí! Era un horno grande como, ponele, de ocho metros más o menos, por lo mismo de fondo, con unas boquillas donde se prendía el fuego. Mi papá tenía, como todos los horneros, tenía el que les llevaba la leña. Se compraban carradas de leña entonces, y se ponía ahí y se quemaba, era una brasa hermosa. Yo lo fui a ver, porque eso duraba tres días, de noche y de día.

Rocío (BC): Y ¿había que estar los tres días controlando?

Italia:  Claro, tres días controlándolo. No dormir. Yo tenía algunos hermanos que conocían y a veces se quedaban con mi papá, y comían ahí asado, para pasar la noche tomaban mate, todo eso hacían. Hasta que pasaban los tres días, se apagaba el fuego, y es porque estaban los ladrillos hechos. Y así, después, se sacaban. Y bueno, eso era el trabajo de mi papá.

Y a la tarde, como a las cuatro, las cinco de la tarde, que los peones estaban trabajando, había que llevarles el mate cocido. Había una olla grandota así, se le llevaban galletas también, entonces paraban un rato, comían eso y seguían. Se empezaba temprano, pero se trabajaba hasta las seis de la tarde más o menos.

Bueno, y la tierra hay que sacarla de algún lado, y ahí había que cavar. Y se había hecho una cava, ¿nunca sentiste vos que había cavas?

Rocío (BC): Sí, sí.

Italia: Bueno, esas cavas eran producidas por los ladrillos, era tierra que se sacaba para hacer los ladrillos. Y se llenaba de agua, cuando llovía se llenaba de agua. Entonces, después, como los caballos salían todos embarrados del pisadero los llevaban a la cava con agua. Pero los caballos en el barro se quedaban quietos, y había que tener un boyero que estaba arriba de uno y los hacía circular. Entonces, les sacaban el barro y los caballos quedaban limpios. Ese era todo el trabajo del horno.

Rocío (BC): Y después, ¿tu papá los vendía a los ladrillos?

Italia: A mi padre, después, lo visitaban los clientes, pero como ya lo conocían y había pocos, lo llamaban a él por teléfono. Había dos teléfonos en mi casa, uno era de la Sociedad Telefónica y la otra era esta que tenemos en la actualidad. Entonces lo llamaban, por ejemplo, la Municipalidad nueva tiene todos ladrillos de mi padre, la Iglesia que está frente a la Plaza Constituyentes, también, y otras obras que yo no conocía. Él conocía a todos los municipales de aquel entonces.


Continuará…

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