27 de febrero de 1812: la albiceleste alzaba vuelo junto al Paraná

Fue un 27 de febrero, pero de 1812, el día escogido por Manuel Belgrano para izar por vez primera nuestra bandera argentina. El lugar privilegiado resultó ser, nada más y nada menos, que las orillas de nuestro Río Paraná, en el, por entonces, pueblo de Rosario.

27 de febrero de 1812, Manuel Belgrano iza por primera vez la bandera argentina.
27 de febrero de 1812, Manuel Belgrano iza por primera vez la bandera argentina.

Según cuenta la tradición oral, la bandera tomó sus colores de la escarapela nacional, y habría sido confeccionada por doña María Catalina Echevarría de Vidal e izada por Cosme Maciel. El lugar elegido por el Gral. Manuel Belgrano, fueron las barrancas del Río Paraná, donde se hallaban apostadas las Baterías de combate Libertad e Independencia —espacio que hoy alberga el Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario—.

Días antes, el 13 de febrero de 1812 Belgrano había enviado una solicitud al Primer Triunvirato, pidiendo que se instituyera una escarapela para identificar a las tropas patriotas, a fin de evitar que los cuerpos se confundieran con los realistas, ya que ambos utilizaban la cucarda encarnada (roja), clásica de los soldados españoles. Así fue que el Gobierno, cinco días después, accedió a lo peticionado y estableció la escarapela ‘blanca y azul celeste’. La insignia se popularizó muy rápido entre los patriotas y soldados de la revolución.

El 27 de febrero de 1812, Belgrano se dirigió nuevamente al Primer Triunvirato en los siguientes términos: ‘Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de Vuestra Excelencia’. Sin embargo, Belgrano no da detalles en cuanto a la cantidad y disposición de las franjas que luciría la nueva insignia.

Sin esperar respuesta, el General iza la bandera junto a sus tropas, quienes realizan el juramento debido. Acto seguido, marcha para hacerse cargo del Ejército del Norte, según órdenes recibidas del mismo Triunvirato. Este suceso, le impidió anoticiarse que tan sólo unos días después el organismo público le negaba la posibilidad de usar la nueva bandera, debido a la compleja política exterior que reinaba, en relación a los temores de romper del todo con los lazos con la corona española.

Retrato del Gral. Manuel Belgrano, realizado por el pintor francés François-Casimir Carbonnier en 1815.
Retrato del Gral. Manuel Belgrano, realizado por el pintor francés François-Casimir Carbonnier en 1815.

Ante el desconocimiento de la prohibición, Belgrano volvió a enarbolar la bandera el 25 de mayo de ese mismo año en San Salvador de Jujuy, cuyo Ayuntamiento lució sus balcones vestidos de celeste y blanco. Aquella vez, se la bendijo por primera vez. El 27 de junio, una nueva advertencia del Triunvirato ordena a Belgrano guardar la insignia, y recrimina su desobediencia. En esta ocasión, el mandato llegó a oídos del General, quien, el 18 de junio de 1812, decide guardar la enseña hasta tanto soplasen nuevos vientos de victoria.

Hubo que esperar hasta el 20 de julio de 1816, para que la celeste y blanca fuera, por fin, reconocida oficialmente. Fue en el Congreso de Tucumán, gracias a un decreto presentado a propuesta de los diputados Paso y Gascón, aunque fuera el secretario José Mariano Serrano quien concretara finalmente su redacción:

Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una Nación después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los Ejércitos, buques y fortalezas, en clase de Bandera menor, ínterin, decretada al término de las presentes discusiones la forma de gobierno más conveniente al territorio, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la Bandera nacional mayor.

Comuníquese a quienes corresponda para su publicación.

Francisco Narciso de Laprida, Presidente. Juan José Paso, Diputado Secretario.

El 25 de febrero de 1818, se le añade el sol, en homenaje al Dios Inca Inti (Dios del Sol) estampado en la franja blanca central, reproducción del que ya aparecía en la primera moneda nacional.