Proyecciones en el ISCAA: México, la revolución congelada

El cineasta y periodista argentino Raymundo Gleyzer realizó México, la revolución congelada en 1970. Inicialmente contó con el apoyo de Luis Echeverría, por aquel entonces poderoso secretario de Gobernación y candidato a la Presidencia de la República perteneciente al Partido Revolucionario Institucional que, en el momento de la filmación, se encontraba en campaña electoral. En vísperas del estreno se advirtió que el film no era un elogio a la “revolución hecha institución”, sino una feroz crítica a un ideal traicionado. Eventualmente, Echeverría consiguió que el gobierno argentino prohibiera el documental; en México se exhibió por primera vez en 2007. La obra de Gleyzer será proyectada el jueves 17 de mayo, a partir de las 20 Hs., en el microcine del Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales (San Jerónimo 1872), en el marco del ciclo de proyecciones organizado por los integrantes del Centro de Estudiantes de la institución (CECAA). El evento es con entrada libre y gratuita.

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Ciclo de proyecciones

La propuesta surge de una iniciativa por parte del CECAA (Centro de Estudiantes de Cine y Artes Audiovisuales) para fomentar la visibilidad de diversas producciones cinematográficas. La programación incluye películas de origen local, nacional e internacional, y las funciones se realizan en la Sala “Edgardo Cacho Pallero”, perteneciente al ISCAA. La proyección de México, la revolución congelada (1970) se realiza en el marco de un ciclo de proyecciones que se lleva a cabo durante todo el año. Toda la información referida a los diferentes ciclos, actividades y eventos que ofrece el Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales puede ser encontrada en la página de Facebook del CECAA.

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Films para vivir mejor

El 27 de mayo de 1976 Raymundo Gleyzer fue secuestrado por un grupo de tareas. De esta forma la dictadura intentó silenciar a uno de los más talentosos y coherentes referentes del cine social latinoamericano. Cineasta revolucionario que centró su lucha en la liberación política de la clase trabajadora.

Entre 1970 y 1971, Gleyzer realizó México, la revolución congelada. La película no fue exhibida en México hasta el año 2007. En su momento, Echeverría declaró a Gleyzer persona non grata. El documental retrata el México posterior a la matanza de Tlatelonco, en el contexto de la gira presidencial de uno de los responsables, Luis Echeverria, quien (al año de entrar al poder) ordena el “Halconazo”. Vemos un país sumido en la miseria, en la ignorancia y metido en la simulación. Un país con hambre y sin posibilidades, pues una acción contraria significa el silencio y la muerte. El propio Glezer se refirió a su obra como un “film educativo”, concebido para informar al pueblo.

“No hacemos films para morir, sino para vivir mejor.” (Raymundo Gleyzer, 1974)

“…En la zona de San Cristóbal de las Casas, Chiapas un grupito de ladinos que explota al ras a las comunidades indígenas, cumplen la finalidad de la sociedad colonial: convertirlos en peones o asalariados. Los indígenas están marginados del desarrollo, de la cultura, de la política. Poseen tierras de acentuada pobreza agrícola, animales raquíticos, insalubridad, alta mortalidad infantil, analfabetismo. El ladino le fomenta la prostitución y el alcoholismo.

(Pregunta Gleyzer a un campesino) – Adónde llevas esa leña?

– La llevo a San Cristóbal, a comprar un poco de salvo, de maíz, de chicharrón.

(Otro testimonio) – No sabemos hablar, no sabemos escribir, no sabemos preguntar (…).

Subhombres, borrachos del alcohol blanco, los indígenas forman parte del gran grupo de marginales que no tienen nada. Once millones de mexicanos no come pan de trigo, nueve millones no come carne, pescado, pan, leche, huevos. Ocho millones usan sandalias, cinco millones andan descalzos. Veintitrés millones viven en casas de adobe o madera y no tienen cuartos de baño ni agua corriente. (…)

El control que ejerce el PRI es total. Esta multitud de campesinos son arrastrados a los mitines del partido en camiones oficiales. No tiene la menor oportunidad de negarse. Controlada la prensa y la información cualquier agitación en el campo es reprimida brutalmente en el silencio más absoluto. El campesino se dice a sí mismo: “por una pinches elecciones, yo no me voy a quedar sin trabajo. De todos modos el PRI va a ganar”. El partido que ha hecho de la revolución una institución firme e inamovible llega a los lugares más apartados del país.

Una vez cada seis años, próximas las elecciones, llega el partido y monta la farsa para recibir al candidato. Consigue la comida, la cerveza, la orquesta y empapela la aldea con retratos de un hombre que jamás han visto y que será el diputado por la aldea. El PRI tiene creada la ideología de la pancarta. La pancarta representa la posibilidad de ser visto cuando llegue el candidato. Tal vez mañana el cacique político le diga: “Has estado bien Fernández, te vi levantar la pancarta”. Al que no va lo combaten, lo segregan. Ese hombre, que no está organizado ni tiene una ideología que sustente su existencia vuelve al redil. (…) El que está recibe un cuaderno, el que no está no recibe nada. El largo brazo del PRI llega hasta la choza más humilde…”

(Gleyzer, Raymundo. Fragmento del guión de México, la revolución congelada, filmada entre 1970 y 1971)